Sanar, sufrir y volver a sanar…

Ella estaba cansada de sufrir. Su corazón tenía marcas de un amor que no supo cuidarla. Cada noche se acostaba y se aferraba a su almohada pensando que no iba a poder curar su tristeza.
Pero un día entendió que no sirve hundirse en la oscuridad. Entendió que necesitaba abrir sus alas y volar. Secar al sol esas lágrimas que ella no merecía. Abrir los ojos en la mañana sabiendo que siempre hay alguien que quiere sanar ese dolor que parece eterno.
Sanar es un hábito en esta vida que nos golpea, a veces con la fuerza de mil mares, pero sanar siempre es posible. Una herida que se cierra es una batalla ganada. Una lágrima que se seca es un triunfo ante el desamor.
Entonces ella se desnudó a los ojos de él que realmente la quería. El la abrazó y la lleno de caricias. Sus heridas fueron desapareciendo y su sonrisa tibia empezó a amanecer como el sol entre la llovizna.
Sanar, sufrir y volver a sanar. Caerse y levantarse. Eso es la vida. Y cuando entiendas que también puedes ayudar a sanar a alguien que está herido, ese día todo tendrá sentido.

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